
Sí. Fueron unas vacaciones perfectas. Ahora lo entiendo.
Fueron días extraños, de no estar pero estar, como siempre. Algo a lo que ya todos estaban acostumbrados. Deseabas que volviéramos, lo veía en tus ojos. Y yo, hierática en mi altar de animal herido, un papel hecho añicos que se aferraba al agua para no volar al pasado.
Y me aferré al agua. Recuerdo nadar a tu lado. Desnudos. El cielo estaba gris y empezaba a llover. Y tus ojos me llamaban. Y nuestros cuerpos se buscaban.
Yo iba y volvía, y tú siempre estabas allí. Y a mí me encantaba que estuvieras. Pero seguía empapada en agua para no volar atrás. Para no volver a lo mismo de siempre.
Te cuidé durante varios días. Te llevé la cena a la cama. Me senté a tu lado en el suelo con la luz de la mesilla encendida, mirándote. Hablamos. Nos reencontramos. Nos reconocimos. Hicimos el amor. Nos pegamos una comilona de esas que nos encantan a los dos, al lado del mar. "No se puede estar enamorado de dos personas a la vez", sentenciaste. Y lo volviste a hacer.
Volviste a tocarme.
Para mí fueron unas vacaciones más. Sabes que me hubiese gustado un poco más de todo, de fiesta, de naturleza, de conocer. Para ti, dijiste, "fueron las mejores". Y ahora lo entiendo. Volvería sin dudarlo a aquella cama a cuidarte.
He intentado mil veces quemar tu presencia en mí; sólo he conseguido secar mis alas. Las mismas que me llevan constantemente al mismo lugar, pero a través de diferente aire.
Fueron días extraños, de no estar pero estar, como siempre. Algo a lo que ya todos estaban acostumbrados. Deseabas que volviéramos, lo veía en tus ojos. Y yo, hierática en mi altar de animal herido, un papel hecho añicos que se aferraba al agua para no volar al pasado.
Y me aferré al agua. Recuerdo nadar a tu lado. Desnudos. El cielo estaba gris y empezaba a llover. Y tus ojos me llamaban. Y nuestros cuerpos se buscaban.
Yo iba y volvía, y tú siempre estabas allí. Y a mí me encantaba que estuvieras. Pero seguía empapada en agua para no volar atrás. Para no volver a lo mismo de siempre.
Te cuidé durante varios días. Te llevé la cena a la cama. Me senté a tu lado en el suelo con la luz de la mesilla encendida, mirándote. Hablamos. Nos reencontramos. Nos reconocimos. Hicimos el amor. Nos pegamos una comilona de esas que nos encantan a los dos, al lado del mar. "No se puede estar enamorado de dos personas a la vez", sentenciaste. Y lo volviste a hacer.
Volviste a tocarme.
Para mí fueron unas vacaciones más. Sabes que me hubiese gustado un poco más de todo, de fiesta, de naturleza, de conocer. Para ti, dijiste, "fueron las mejores". Y ahora lo entiendo. Volvería sin dudarlo a aquella cama a cuidarte.
He intentado mil veces quemar tu presencia en mí; sólo he conseguido secar mis alas. Las mismas que me llevan constantemente al mismo lugar, pero a través de diferente aire.

2 comentarios:
No saps com m'alegra tornar-te a llegir, perquè vols, i no per si sona la flauta...
Per cert, te n'he d'explicar una de molt bona. Potser la pots arribar a imaginar/deduir amb l'últim post que he fet.
Un petó i ens veiem aviat.
A veces no sabemos cómo acabamos llegando a un lugar y buscamos en la memoria la secuencia de imágenes que sucedieron antes del viaje. O a veces, es la memoria quien nos lleva a ese lugar
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