martes, 22 de abril de 2008

Rectas y curvas


Hace no mucho decidí pintar un dibujo con los dedos acompañada por un hombre. Mientras él dibujaba líneas rectas, flechas y figuras geométricas, yo me dedicaba a deshacerlas con girones de pintura en círculos, espirales y elipses que se desvanecían y se confundían con las líneas que él había dibujado. La firmeza y el caos. Del mismo modo, mucho antes hubo un artista que lo supo ver y, sobre todo, que lo supo dibujar.

Se trata de Gustave Klimt, un creador un poco loco -todos lo estamos de algún modo u otro- obsesionado con el género femenino que supo reflejar en todas sus obras la delicadeza de las mujeres que le rodeaban. Un hombre cuya sensibilidad artística chocaba de frente con el espíritu atormentado y algo pervertido que dominaba en su día a día.

Él, Gustave Klimt, dibujó con telas y con su tradicional collage, en el que también introdujo esmaltes y pan de oro, la máxima expresión del amor romántico. Un amor rectangular, de aislamiento y de alejamiento del resto del mundo, un amor firme -con las rectas del hombre- un amor, como algunas mujeres, caótico.

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