No hay una imagen que haga de sumario de mi estancia en Madrid. Ha sido una grata experiencia. La ciudad en perfecta armonía. Calles. Rectas. Curvas. Bares. Cervezas. Espíritus transeuntes que olvidan la debilidad y aportan tan sólo lo positivo. Buenas vibraciones. Arte por doquier. Monumentos. Montones de posibilidades (creo que eso ya lo dije).
Lo que más echaba de menos son esas conversaciones paternales con Raül en las que me hecha la bronca por hacer exactamente lo contrario de lo que quiero y tras las que siempre me vuelvo a reencontrar. Echaba de menos pasear tranquila sintiéndome comprendida, feliz y sencilla comentando tonterías como que me da asco pisar rendijas o que con gorro es como si no lloviera... Te echaba tanto de menos, Rawling... Pronto volveré a verte y te llevaré un poco de sol catalán.
Me acordé de Joan porqué encontré la sala perfecta para él. Si gustó tanto el concierto de Paco Bello (estuvo muy muy bien, es muy bueno pero... no me tocó del todo, o al menos, no tanto como el otro) seguro que los madrileños fliparían con la actuación de Petit en Galileo Galilei. Todo es proponérselo, Joan. Ciertamente Bello es elegante, pero me quedé con las ganas de escuchar una jam de blues que había en un local cerquita... pero eso me lo anoto para la próxima.
Y genial ese reencuentro. Me di cuenta de que algunas cosas han cambiado: ahora soy yo quien hace el café de sobremesa contando batallitas, riendo las gracias a una nenita y comentando álbumes de fotos.
Laberinto: cuando se nos muestra tan sólo una pequeña parte del todo, cuando no sabemos que hay más allá. Cualquier camino puede ser el acertado, pero sólo uno lo es. Cuál es la entrada y cuál es la salida. Elige. Yo me quedo, como dice Bello, con la de más acá.
Armonía. Proyectos. Música elegante. Reencuentros. Laberintos. Raül.





